Alexander Androv
Prosa

Horario

Alexander Androv

Primera publicación: 17.08.2011 · Foto: magnific / Freepik

Traducido del búlgaro · График

Ahora escribo tranquilito mi guion.
No es muy interesante,
pero lo vuelvo a copiar.
A menudo.

Lo arrugo y lo tiro.
Me siento a pensar tranquilo
en «el tiempo entre»
(las escrituras y las arrugaduras)
y otra vez me siento a escribir mi guion.
Aunque en realidad me imagino que lo dirijo.
Luego arrugo y salgo deprisa.

Camino sobre unas baldosas
y escucho música.
Me pregunto por qué cojeo un poco.
Me siento a beber agua.
Miro al perro a los pies
de una mujer.

Vuelvo y me siento a escribir.
«Condiciones generales de uso del sitio web».
Me levanto (pero no puedo arrugarlas...)
Me hago un ikebana.
(No. Eso solo me lo imagino.)
Traduzco dos páginas.

Me apetece salir.
Salgo. Pero solo a la terraza.
Vuelvo. Leo.
Dejo de leer.
Abro la banca en línea.
Hago una transferencia.
Compruebo si me ha llegado dinero.
Bebo agua y escucho música.
40 veces una canción,
40 veces una canción, 40 veces una canción, 40 veces.
Pues sí. Me gustó.
Saco la basura,
me compro tabaco y café.
Fumo y charlo con la dependienta.
Le explico el sentido de los casos.
Noto que me equivoco
y describo las funciones del acusativo.
En alemán.

Vuelvo y me siento a leer un cuento.
Algo... . No me apetece leer.
Me siento a escribir un capítulo de otra historia.
Pero me da vueltas en la cabeza un dístico de
un soneto irregular. No bebo agua y no lo apunto.

Veo una entrevista. 20 mujeres explican lo artificiales que son los hombres. De vez en cuando ponen una voz masculina. No participan hombres.
Ya se sabe, el ausente nunca tiene razón...

Luego veo una entrevista.
Una chica explica en la televisión
que hace más de un año tiró el televisor.
En serio.
Y yo la vi hasta el final.

Bebo agua. Con pastillas. Salgo.
Vuelvo y me siento a escribir una descripción de puesto.
No la termino. No me la he inventado aún.
Me busco música.
Me acuerdo de la canción y la escucho 80 veces.

Creo una base de datos.
Miro por la ventana y la optimizo.
Apunto lógica de negocio.
Creo lógica de negocio.
Busco la lógica en la lógica de negocio.
Bebo agua.
Fantaseo con algo aromático.

Llamo por teléfono.
Hablo. Escucho.
Luego me siento a beber agua.
Reviso la estructura de un servidor
y escribo tres correos.
Los envío y me levanto a dar unos pasos.
Cojeo y me rasco.
Tengo que ir al dentista.
Pero no me apetece ir y solo me rasco.

Mientras me froto los ojos
intento beber agua.
Y me atraganto, naturalmente.
Pienso en lo más valioso según los japoneses.
El sueño.

Pero no tengo sueño.
Apunto unas cuantas líneas.
Instalo cuatro programas.
Recuerdo refranes medievales.
Juego a un videojuego.
(Tengo que pasar la ITV del coche).
Pero no me apetece ir y no voy.

Llamo y hablo.
Bebo agua.
No tengo sueño.
Me siento y apunto algo.
Enciendo y apago la radio.
Descuelgo el teléfono. Dos veces.
Me organizo dos reuniones de trabajo.
Y una por curiosidad.
Miro una fachada cualquiera.
Me imagino que voy en bici.
Leo, pienso y busco la lógica de la salvación por la belleza.
Me levanto y salgo.