Alexander Androv
Relato

Las ideas perdidas

Alexander Androv

Primera publicación: 24.03.2008 · Foto: wirestock / Freepik

Traducido del búlgaro · Загубените идеи

Al valle de las ideas perdidas lleva un sendero estrecho, cubierto de mitos.

Perdidos también entre los rollos quemados de Alejandría. Cercado en derredor por rocas desnudas, separado del agua del mar por un desierto, allá en algún lugar entre las arenas, en medio de una montaña que se alza solitaria, yace el valle.

En su fondo, empedrado con las piedras del tiempo, descansan las ideas perdidas de la gente, los recuerdos olvidados, las ocurrencias fugaces, las bellas visiones que alguien vislumbró un instante pero dejó pasar por distracción, las primeras notas de la sonata no escrita que tanto me habría gustado, unas cuantas frases de la mitad del libro nunca empezado sobre el valle de las ideas perdidas, manchas imprecisas de la esquina inferior derecha de un cuadro de autor desconocido, flores nunca regaladas, que se quedaron marchitándose en el jardín… Del montón junto al arroyo asoma también la rueda de aquella máquina que habría vuelto inútiles a todas las demás… Me cuesta describirlo, porque casi todo lo que veía aún no tenía una forma decantada, ni colores, sonidos o rostro. A alguien le habría parecido bastante… informe.

Yacen allí también todos los recuerdos de infancia olvidados, todas las revelaciones recibidas antes de que Ella las visitara. En el último instante antes de Ella. Y a la sombra de las palmeras, adornadas con piñas de ciprés, están esparcidos los destellos de perlas nunca concebidas… Hermosa es en su infinitud esta colección. Embelesado, contemplaba los fragmentos de la belleza no cumplida. Tenía ya todo el tiempo del mundo por delante para deleitarme con el cuadro entero, y no me daba prisa. Tenía tiempo de sobra para examinar y tocar cada idea por separado. El que me dio el mapa para llegar al valle debía de estar tranquilo. Porque olvidó mencionarme un detalle importante. Del valle solo se salía por una puerta estrecha con cimientos de piedra y un arco de hierro oxidado. Y sobre el arco, en pequeñas letras de hierro, estaba escrito:

«Para abrir esta puerta, encuentra la forma de la constelación oscura más lejana y ponla en la cerradura».

Había aplazado la resolución del enigma por tiempo indefinido, porque el lugar ofrecía hallazgos sin fin y, además, no tenía prisa por ir a ninguna parte.